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Al Primer Vuelo

De bordada en bordada llegó el Flash a la ancha boca del
puerto. DonAlejandro, que no apartaba el ojo del carel de
sotavento, lo conoció porlas cabezadas que daba el barco, a
causa de la trapisonda que ya habíapor allí, y por cierto malestar
de su estómago. Dio entonces por más quesuficiente la distancia
recorrida; y con gran sentimiento de Nieves, quetenía los cinco
sentidos puestos en los lances del paseo mar afuera,viró el
balandro y se puso en rumbo al muelle. De esta manera
ibaempopado y sin las contrariedades que tanto molestaban a
don Alejandro.Teniéndolo en cuenta Leto, izó toda la lona; y
navegando así como unaexhalación, pudieron estimar Nieves y
su padre lo merecido que tenía elhermoso yacht el nombre de
Centella que le habían puesto.
—Esto ya es cosa muy diferente—decía Bermúdez al llegar al
muelle—.Así ya se puede navegar a pierna suelta.
—Pues a mí me gusta más del otro modo—contestó su hija—.
Tiene máslances.
—Esa es la verdad—añadió Leto saltando del balandro a la
escalera paradar la mano a Nieves, porque habiendo bajado
bastante la marea, eranmuchos y estaban muy resbaladizos los
escalones descubiertos.
Ni don Adrián ni don Claudio andaban por allí rato hacía, ni
secolumbraba alma viviente en diez cables a la redonda de
aquelloshermosos sitios que, por lo solitarios y mudos, parecían
encantados...
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