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Al Primer Vuelo

blanca, torneadita y olorosa, paraponer el índice primoroso
encima del objeto censurado; y entonces Letoperdía de vista la
acuarela, porque los ojos se le iban detrás de lamano, y la
atención y hasta el olfato... a don Adrián y al comandanteles
parecían inmejorables las pinturas, y así lo declaraban; y
donAlejandro, mal avenido con las sinceridades de su hija,
queríadesautorizarlas explicando cómos y por qués... En cuanto
a Leto, nopudiendo concebir que de aquellas manos tan bonitas
salieran obrasimperfectas, todo lo hallaba superior, y así lo daba
a entender comopodía.
—Todo eso que ustedes me dicen—insistía Nieves muy
serena—, es puracortesía. Ninguna de estas obras tiene otro
mérito que el de estar hechacon grandes deseos de hacerlo
mejor. Lo conozco por lo mismo que séestimar las buenas, como
las de usted; pero sigo pintando porque meentretiene, y enseño
lo que pinto, como ahora, por no hacerme de rogarmás tarde y
porque no lo tengo a pecado mortal... Al óleo, confranqueza,
pinto algo mejor que a la aguada... Ya lo verá Leto, que
loentiende, cuando pinte algo aquí... porque pienso pintar
mucho... yandar más... Todos los sitios en que he puesto antes
las cartulinas deusted, han de quedar ocupados por obras mías...
Cuento con que me dejaráusted copiar las suyas para eso.
Leto, que ya había soñado con verlas honradas allí, se llamó a
engaño ydeclaró a Nieves que no volverían al cartapacio de la
botica aquellosinsignificantes borrones, puesto que le gustaban a
ella; y Nieves, sinandarse en ociosos disimulos, porque conocía
la sinceridad de la oferta,la aceptó de plano con gran regocijo,
aunque no tanto como el queprodujo en don Adrián el galante
rasgo de Leto.
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