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Al Primer Vuelo

igual corte. Nada de eso: Nacho, con susojos dulces y
expresivos, su barbita sedosa, sus facciones correctas yfinísimas,
y su actitud elegante, podría no valer en el fondo un puñadode
alfileres, porque chascos mucho más gordos dan ciertos
diamantesfalsos; pero, a la vista, era el tipo del abogado nuevo,
del abogadoartista, que no anda por los caminos trillados de las
clásicas yvetustas tradiciones forenses, sino por las cumbres
espinosas yarriesgadas de los nuevos problemas jurídicos; de los
que no usan loslibros de la profesión para ejercerla; de los que
van a la Audiencia, noa alegar, sino a demoler; no a invocar
textos y razones del acervocomún, sino a enredarse en teorías
frenopáticas dentro de un laberintode disquisiciones
antropológicas, para acabar declarando loca de rematea toda la
humanidad que anda fuera de los manicomios, con el heroico
finde salvar del patíbulo, por loco irresponsable, al distinguido
criminala quien defiende, convicto y confeso y reincidente
además.
Por supuesto que no son de la cosecha de Nieves estas señas
que aquí sedan de su primito. No ahondaban tanto sus malicias
todavía. Ella mirabala imagen por el único lado accesible a su
vista juvenil y algodeslumbrada por los primeros resplandores
del mundo a cuyas puertasacababa de llegar, recién salida de las
del colegio; y mirándola por eselado y de tal modo, se limitó a
pensar de su primo lo que cabe en estassencillísimas palabras.
—No está mal así.
Enseguida se puso a contemplar su propio retrato con bastante
mayoravidez que el de su primo. Nada más puesto en razón. Por
vez primera seveía en verdaderos hábitos de mujer, sin el menor
vestigio del cascarónde la niña ni de la librea de la colegiala; y
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