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Al Primer Vuelo

La única nota discordante en aquel conjunto de cosas bastante
bienconcordadas y soportables, y hasta entretenidas a ratos, fue
la familiaCarreño, o más propia y gráficamente «los Carreños»
de la Campada, o,como si dijéramos, los Mucibarrenas de
Villavieja, ya que a sus rivalessempiternos, los Vélez de la
Costanilla, se les llamó, a su debidotiempo, los Butibambas.
Para que todo fuera contrapuesto y antagónico enestas dos
dinastías de Villavieja, hasta en el arte y la traza andaba launa al
revés de la otra.
Ya se ha visto que los Vélez eran largos, huesudos, blancos,
solemnes yfríos como estatuas sepulcrales. Pues los Carreños,
como constaba detoda notoriedad en Villavieja y se vio en los
cuatro ejemplares(matrimonio y dos hijas) presentados en
Peleches, eran chaparrudos,cetrinos, bastos de líneas y
facciones, crespos de pelo, mordaces delengua e implacables de
entraña. De estilo y de educación, como deestampa y de pelo.
Padres e hijas despotricaron a porfía durante tres cuartos de
hora, y nodejaron honra limpia ni hueso sano en Villavieja.
¡Cuánto se felicitabala Carreño madre (eran primos hermanos
los cónyuges) por la venida delos Bermúdez a Peleches!
—¡Esto consuela, señor don Alejandro!—decía abanicándose
briosamenteel pescuezo con ronchas bronceadas—. Se ve una
entre los suyos, y tienecon quién hablar y desahogarse... Porque
en la soledad a que la obliga auna el decoro de la clase, se hacen
allá dentro unas talegadas de asco,que da gusto desocuparlas
después entre gentes que la comprendan a una ysepan estimar
las cosas en lo que valen... ¡Si vieran ustedes cómo se
vaponiendo esto!... Ya no hay quién lo conozca. No queda un
alma decente:todo es trapajería de ayer acá... hasta en el
ayuntamiento; hasta en losempleados que nos manda el
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