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Aguas Fuertes

Y así fue la verdad. En los quince días que D. Ramón estuvo en Madrid notuve
razón para arrepentirme de mi condescendencia. Era el fénix de loscompañeros de
cuarto. Si volvía a casa más tarde que yo, entraba y seacostaba con tal cautela, que
nunca me despertó; si se retiraba mástemprano, me aguardaba leyendo para que
pudiese acostarme sin temor dehacer ruido. Por las mañanas nunca se despertaba
hasta que me oía tosero moverme en la cama. Vivía cerca de Valencia, en una casa de
campo, ysólo venía a Madrid cuando algún asunto lo exigía: en esta ocasión erapara
gestionar el ascenso de un hijo, registrador de la propiedad. Apesar de que este hijo
tenía la misma edad que yo, D. Ramón no pasaba delos cincuenta años, lo cual hacía
presumir, como así era en efecto, quese había casado bastante joven.
Y no debía de ser feo, ni mucho menos, en aquella época. Aún ahora consu elevada
estatura, la barba gris rizosa y bien cortada, los ojosanimados y brillantes y el cutis sin
arrugas, sería aceptado por muchasmujeres con preferencia a otros galanes
sietemesinos.
Tenía, lo mismo que yo, la manía de cantar o canturriar al tiempo delavarse. Pero
observé al cabo de pocos días que, aunque tomaba y soltabacon indiferencia distintos
trozos de ópera y zarzuela deshaciéndolos ypulverizándolos entre resoplidos y
gruñidos, el pasaje que con más ardoracometía y más a menudo, era uno de Los
Puritanos; me parece quepertenecía al aria de barítono en el primer acto. Don Ramón
no sabía laletra sino a medias, pero lo cantaba con el mismo entusiasmo que si
lasupiera. Empezaba siempre:
Il
sogno
beato
De
pace
e
contento
Ti,
ro,
ri,
ra,
ri,
ro,
Ti, ro, ri, ra, ri, ro.
Necesitaba seguir tarareando hasta llegar a otros dos versos que decían:
La
dolce
memoria
De un tenero amore.
Sobre los cuales se apoyaba sin cesar hasta concluir el allegro.
—¡Hola! D. Ramón, le dije un día desde la cama; parece que le gusta aV. Los
Puritanos.
—Muchísimo; es una de las óperas que más me gustan. Daría cualquiercosa por
conocer un instrumento para poder tocarla toda. ¡Qué dulzurahay en ella! ¡Qué
inspiración! Estas son óperas y esta es música.¡Parece mentira que ustedes se
entusiasmen con esa algarabía alemana quesólo sirve para hacer dormir!... A mí me
gustan con pasión todas lasóperas de Bellini: El Pirata, Sonámbula, I Capuletti e
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