Not a member?     Existing members login below:

Aguas Fuertes

No hay para qué decir que yo celebraba mucho los versos de don León:juzgábalos
sinceramente bellos; mas, aunque así no fuese, el respeto meobligaría a ponerlos
sobre la cabeza. En cambio, don León acogía conindulgencia y agrado los primeros
vagidos de mi musa: escuchábalosatentamente y los proponía, como dignos de
imitarse, a los discípulos.No pocas veces, leyéndole alguna composición, se sintió
interesadovivamente hasta el punto de acercar más la silla, inclinar el cuerpo
yexclamar con vehemencia: «¡Prosiga, querido, que me deleita!»
Pronto se estrecharon nuestras relaciones de tal suerte que vinimos aser más bien
amigos y camaradas que profesor y discípulo. Don Leóndepositó en mi seno, que
contaba a la sazón catorce o quince años, unamuchedumbre de secretos que le
atormentaban, casi todos pecuniarios, lomismo que había depositado todos sus versos;
me nombró pasante de laclase y me otorgó otra porción de testimonios de aprecio. Al
cabo estasrelaciones, conservándose no obstante la buena amistad, se
rompieronbruscamente. He aquí de qué modo:
Era el año mil ochocientos cincuenta y cuatro. Don León no pareció undía por el
colegio, lo cual causó cierta sorpresa al director, pues enlos años que llevaba de
enseñanza no había estado indispuesto una solavez. Al día siguiente tampoco vino, y
pensando pudiera hallarse enfermole pasó un recado; pero don León no estaba en su
casa, lo que lesorprendió todavía más. Al otro amaneció Madrid obstruido de
barricadas,las casas atrancadas; patrullas de soldados y ciudadanos armados por
lascalles y ruido incesante de fusilería; muchos gritos subversivos, comodicen los
bandos de las autoridades, y mucho jaleo, como dicen los quese paran a leerlos. Había
estallado la gorda. ¡Quién pensaba enmatemáticas, retórica y psicología en el colegio!
Los muchachoscelebramos el cataclismo como un acontecimiento fausto, corríamos
porlos pasillos brincando de alegría, nos comunicábamos en voz bajanoticias a cual
más estupendas, y mirábamos por los balcones lo quepasaba en la calle, cuando la
vigilancia de los superiores lo consentía.Un criado vino diciendo, ya bien entrada la
mañana, que D. León seestaba batiendo en las barricadas y que mandaba una fuerza
considerable,cuya nueva cayó como una bomba en el colegio, produciendo
granperturbación y sobresalto, ya que no sorpresa, entre los alumnos. Elprofesor León
adquirió entre nosotros en aquel mismo punto unmaravilloso prestigio, se levantó ante
nuestros ojos con talla colosal yno poco se arrepintieron algunos de haberle denigrado
apodándole elCamello y haciendo chacota de su levita. Todo se volvió ensalzar
suvalor y sus fuerzas y entregarse a mil gratos comentarios acerca de supróxima
victoria: uno que se jactaba de tener buen olfato decía quealgo había presumido al no
verle los días anteriores en el colegio, otroaseguraba que si vencía la revolución el
capellán D. Jerónimo lo iba apasar muy mal porque había declarado la guerra sin
motivo a D. León.Mareábamos al criado que trajo la noticia con un sin fin de
preguntas:queríamos que nos informase de todos los pormenores, y el pobre sólosabía
por referencia que el profesor se hallaba hacia la calle de Toledomandando una
Remove