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Aguas Fuertes

DonJerónimo no lo echa de ver; la ha conocido tan niña, que se cree conderecho a
prescindir de ciertos miramientos debidos a las damas;suponiendo que se los haya
tributado en su vida a alguna, que no locreemos. La ha conocido muy niña y la ha
encaminado al teatro: cuandotropezó con ella vivía muy estrechamente aprendiendo el
oficio deflorista: hoy, merced a su talento, gana lo bastante para mantener condecoro
a su madre y sus hermanas.
Es agraciada y simpática más que hermosa; la tez morena, los ojosrasgados y
negros, lo más bonito de su rostro; la boca un poco grande,pero fresca con dentadura
admirable. Está vestida de dama del tiempo deLuis XV, con una peluca blanca que le
sienta a maravilla. No toma parteapenas en la conversación. Parece muy satisfecha
con escuchar solamente,girando sin cesar sus ojos serenos de uno a otro interlocutor
ysonriendo a menudo cuando se dirigen a ella.
Al llegar a cierto punto, se oye la voz del traspunte.
—Señorita Clotilde, cuando V. guste...
—Vamos allá—dice levantándose.
Se dirige al espejo, se da los últimos toques a las cejas y pestañas conel pincel,
arregla con mano un poco nerviosa los tirabuzones de lapeluca, la cruz de brillantes
que lleva al cuello y los pliegues delvestido. Sus amigos guardan un instante silencio
y contemplan estasmaniobras distraídamente.
—Señores, hasta luego.
Y sale del cuarto seguida de su doncella, que le lleva recogida la cola,una
espléndida cola de raso color crema.
—¡Cada día va estando más linda esta Clotilde!—dice el estudiante deldoctorado,
dejando escapar un imperceptible suspiro.
D. Jerónimo da una enorme chupada al cigarro y queda envueltoinstantáneamente
en una nube de humo. Por eso nadie advierte la sonrisade triunfo con que acoge la
observación.
—A mí también me parece más bonita cada día—dice otro tertulio;—perocreo que
se ha modificado mucho su genio de algún tiempo a esta parte...Usted, pollo, no la ha
conocido como nosotros... Era una loquitaencantadora, ¡tan alegre! ¡tan traviesa!...
Nadie podía estar a su ladode mal humor... Ahora la encuentro grave, triste casi
siempre...
—Es verdad que me ha chocado la melancolía que hay en sus ojos...
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