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Aguas Fuertes

sentimientosdulces, acude a la religión y le lleva a confesar con un sabio jesuita,no sin
que el joven poeta proteste sordamente, pues ya han huido de suatormentado espíritu
las consoladoras creencias de los primeros años.Aunque pide perdón a su mamá y le
promete no volver a escribirporquerías, el mosquito sentimental no puede prescindir
de continuarzumbando a escondidas de su familia: las persecuciones, lejos deabatirle,
encienden más y más el horno de su inspiración y le acaban depersuadir de que la
copa de la vida está llena hasta los bordes decierto licor ponzoñoso, y que él se
encuentra obligado a apurarla hastalas heces. Un periódico semanal de la población se
encarga de comunicareste su convencimiento al público, expresado en términos
solemnes,aunque sin gramática. Desde esta fecha, nuestro mosquito comienza agozar
de una envidiable reputación que se extiende como mancha de aceitepor toda la
provincia.
No obstante, por más que la opinión favorable de sus paisanos sea unbálsamo
precioso para cicatrizar las heridas del corazón, todavía noestá satisfecho y medita
seriamente un día y otro en venir a zumbar aMadrid, a fin de que se le oiga en todos
los ámbitos de la península. Elpapá, que ya se va convenciendo de que su hijo, aunque
haya salidosuspenso en la mayor parte de las asignaturas, llegará a ser hombrecélebre,
consiente en hacer un sacrificio. Ya le tenemos en la Corte. Alos cuatro meses justos
publica una composición en cierta revistaliteraria; a los quince días otra, a los quince
días otra, y asísucesivamente sigue zumbando periódicamente durante dos años. Al
fin sedecide a coleccionar sus poesías en un tomo. El papá vende una finca yle remite
dinero. Pide un prólogo a Cañete, y este señor, que jamás seniega a tales cosas, dice al
frente del libro en lenguaje castizo quehay en él composiciones muy lindas, y las cita;
que el autor muestra porlo general mucha «elegancia, donaire y estro», y que el joven
mosquito,si no se desgracia, llegará a ser un moscón insigne. Desgraciadamente,esta
profecía permanece guardada como santa reliquia en el almacén dealgún librero que
ha aceptado el tomo en comisión. Transcurren mesessin que ningún humano venga en
demanda del tomo de Preludios (estosmosquitos casi siempre ponen a sus zumbidos
algún nombre musical:preludios, arpegios, acordes, calderones, etc.), hasta que el
librero secansa de tener tanto papel inútil en el almacén y decide volvérselo a sudueño
o comprarlo al peso. Esta es una de las soluciones. Otra consisteen que D. Modesto
Fernández y González interponga su influencia para queel Ministerio de Fomento le
tome quinientos ejemplares con destino a lasbibliotecas públicas. Los súbditos
españoles que las frecuentan nopodrán menos de agradecer al Ministro el interés con
que mira el cultivode sus facultades imaginativas: todos los años les remite algunos
milesde quintales de ternezas rimadas.
De todos modos, la falta de dinero es una de las causas primeras demortandad en la
familia de los mosquitos sentimentales. Los queconsiguen sobrevivir a tal causa y
llegan a dar una velada en el Ateneode Madrid, están salvados. El Ateneo es para los
mosquitos el oxígeno.Cuando alguno anda alicaído, asfixiado por la indiferencia del
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