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Aguas Fuertes

fantasía delvecindario. Sin embargo, fuerza es confesar que en esta ocasión hasabido
herirla de un modo delicado y útil, revelando lo infinito pormedio de una misteriosa e
indefinida sucesión de faroles.
Adornando los flancos del paseo, álzanse un número considerable dehoteles y
palacios de formas muy diversas, no siempre bellas, aunque sícaprichosas. Nuestros
banqueros y contratistas de obras públicas noqueriendo, como es natural, pagar tributo
a lo prosaico de lasconstrucciones modernas, han solicitado el concurso de las edades
máspoéticas de la humanidad y de las comarcas más pintorescas para levantarsus
viviendas suntuosas. Se encuentran allí, a poca distancia unos deotros, palacios
egipcios, árabes, asirios, babilónicos, gallegos ycatalanes. Por regla general están
rodeados de jardines que lanaturaleza, secundada eficazmente por las mangas de
riego, ha poblado deflores y verdor. He pasado muchas veces por allí y jamás he visto
anadie disfrutando de su amenidad, salvo los pájaros. Las ventanas de lospalacios
tienen las persianas echadas y reina tal silencio en susinmediaciones, que cualquiera
los creería deshabitados. Esto contribuyea despertar en la imaginación de los
paseantes recuerdos o sueñosromancescos. Aquellos palacios deben de guardar seres
bellos y felicesque se alejan del ruido de la corte a fin de paladear con
mástranquilidad su dicha. El amor debe de ser el dios a quien se rindeculto en tales
nidos tibios y suntuosos. Algunas veces al través de suspersianas he oído los dulces
acordes de un piano. ¡Cuántas cosas bellascruzaron entonces por mi mente! ¡Cuántas
novelas interesantes se mepresentaron de improviso!
Una mañana de primavera, impresionado por la reciente lectura de ciertanovela de
Octavio Feuillet, iba paseando distraído por aquellossilenciosos lugares gozando de la
frescura y aroma de los árboles y dela grata soledad que allí imperaba. De pronto, al
pasar por delante deuno de los palacios, creí percibir rumor de voces en el jardín. Al
finsorprendo a la enamorada pareja de este nido, me dije sonriendo; y conel corazón
agitado y el paso cauteloso, me acerco a la verja revestidade una espesa cortina de
madreselva y aplico el oído. Detrás del muro deverdura dos voces poco argentinas
disputaban acaloradamente sobre elproyecto de conversión de la deuda.
Más allá de la Castellana se tropieza con el Hipódromo. Quisiera deciralgunas
palabras acerca del Hipódromo, pero creo que aún no ha llegadola época de juzgar
con verdadera imparcialidad esta nueva institución.Las grandes reformas necesitan
algunos años para desenvolverse y dar elfruto que el legislador ha buscado. Juzgando
hoy aquélla, temo incurriren errores y apasionamientos, de los cuales me arrepentiría
ya tarde.
LOS MOSQUITOS LÍRICOS
 
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