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Aguas Fuertes

comoobra de una docena de tales animales entre cisnes y patos, encargados
desecundar los generosos planes del Municipio, recibiendo por ello elnecesario
alimento. Y debemos manifestar en conciencia que las inocentesaves desempeñan su
papel con maestría y ganan sus cortezas de panhonradamente. Véase si no cuán
gallardamente cruzan el estanque en todasdirecciones, cual si resbalaran por el agua a
impulso del viento y nopor virtud del movimiento de sus palmas. Observemos sus
posturascaprichosas y fantásticas; de qué modo tan pintoresco extienden las alassobre
el agua, levantando nubecillas de espuma, o sumergen la cabezapara atrapar un
insecto, o la ocultan bajo el ala, o levantan el vueloinesperadamente para dejarse caer
a los pocos pasos llenos de pereza ymolicie sobre su elástico lecho, como un sátrapa
sobre su diván depluma. Nadie dudará que todo esto ofrece un tinte tan bucólico
ypastoril, que no puede menos de producir el efecto apetecido. Por muyexaltado que
el ánimo se encuentre, es imposible que no ceda a losesfuerzos combinados de aquella
docena de patos.
Navegan también en el estanque muchedumbre de botes, lanchas, canoas yotras
embarcaciones de diversas formas y tamaños. Los días de fiestasuele cruzar por el
horizonte un vapor que no se cansa jamás de silbar.Parece un espectador de los
dramas de Catalina. He querido averiguarcuál era el precio del pasaje, y me han dicho
que por recorrer todas lascostas del estanque, deteniéndose en los puntos más notables
y dignos deverse, se pagaba, en cámara de primera, diez céntimos. Pero es fácil
decomprender que estos viajes de itinerario forzoso no convienen más quea las
personas de poca imaginación y de sentimientos vulgares ylimitados. Los espíritus
fantásticos y aventureros gustan más de viajarsin itinerario. Hay, pues, mucha gente
que prefiere tripular los botes ycanoas navegando sin rumbo prefijado y deteniéndose
donde bien les placeel tiempo que tienen por conveniente. El amor a la naturaleza y el
deseode conocer las rudas faenas de la mar les arrastra a despojarse de lalevita y a
empuñar los remos con las manos cubiertas de sortijas. Desdeeste momento su
fisonomía se contrae duramente y toma la expresiónsiniestra y terrible de los piratas:
sus movimientos son torpes ypesados como los de un lobo de mar. Cuando pasan
cerca de la costa y venuna niñera más o menos gentil que les contempla absorta y
admirada, sesuelen guiñar el ojo con cierta malicia ruda, exclamando con voz
ronca:«¡Ohé, muchachos, una fragata a barlovento!»
A otros les da por lo sentimental, y el espectáculo de las aguasdormidas del lago les
recuerda las novelas venecianas o las baladas dela Suiza: se dejan balancear
dulcemente, inmóviles y apoyados sobre elremo, fijan la vista en un punto del espacio
con expresión amarga,propia de corazones lacerados, y prorrumpen a veces en
tiernasbarcarolas que han aprendido en el teatro Real.
Lo mismo las aventuras maravillosas de los unos que las barcarolas delos otros
cesan repentinamente así que se escucha una voz poderosa,inmensa como la de
Neptuno, que llega en alas del viento a todas lasriberas del estanque:—«Esquife
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