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Aguas Fuertes

Pero dejando a un lado los cimientos, cuya importancia me complazco enreconocer
y acerca de los que no será esta la última palabra que diga, yvolviendo a la antigua
biblioteca donde el gobierno de Su Majestaddistribuye la ciencia por el sistema
dosimétrico, esto es, en pequeñasdosis y repetidas, diré primeramente que tiene un
portal muy análogo auna bodega, donde los sabios de mañana aguardan, tiritando y
dandoestériles patadas contra las losas para calentarse los pies, a que lesabran la
puerta. El frío es por naturaleza anti-científico, y desde lostiempos más remotos se ha
ensañado siempre con los sabios. De aquí lossabañones que tanto caracterizan a los
hombres de ciencia.
Arranca del portal una escalera medianamente espaciosa, cuidadosamentetapizada
de polvo como conviene a esta clase de establecimientos, lacual termina en una
portería o conserjería donde hay generalmentesentados seis u ocho señores ocupados
en la tarea de mirar lo que entray lo que sale y en charlar y discutir en voz alta a fin de
que los queestudian dentro se acostumbren a concentrar su atención, como
hacíaArquímedes en los tiempos antiguos.
—¿Me hacen ustedes el favor de una papeleta?—pregunta en actitudhumilde el
sabio, que ha llegado hasta allí tragando polvo.
El portero encargado de facilitarlas vuelve la cabeza y le dirige unamirada fría y
hostil: después sigue tranquilamente la conversaciónempeñada.
—¿Cuánto te ha costado a tí la contrabarrera?
—Lo que cuesta en el despacho: el amo ha pedido tres a un concejal y meha cedido
una.
—¡Todos los pillos tienen suerte!
Mucha risa; mucha algazara. La conversación rueda después acerca de
lasprobabilidades que Frascuelo tiene de echar la pata a Lagartijo: lostoros eran de
Veraguas, se podían lidiar con franqueza; sin riesgo; y elmatador «se las tiraría de
plancheta» como acostumbraba, sin...
—¿Me hace V. el favor de una papeleta? repite el sabio un poco másalto.
El portero le mira de nuevo con más frialdad si cabe, se levantalentamente, moja el
dedo para sacar una papeleta del montón y dice:
—Pues yo te aseguro que no pago primadas; a última hora ha de andar másbajo el
papel...
—¿Quiere V. darme una papeleta?—dice el sabio con impaciencia.
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