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Aguas Fuertes

con efusión, no siendo por cierto la menos expansiva laenlutada Lolita. Después de
cambiadas las primeras impresiones, observéque Luisa hacía señas a Asunción en
ademán de pedirle algo, y queAsunción lo negaba, también por señas, pero con
energía. Luisa, sinembargo, se resolvió a hacer lo que pretendía a despecho de su
amiga, yllegándose a Lola, le dijo:
—Mira, Asunción tiene que decirte una cosa; ve a sentarte junto a ella.
Lolita se vino hacia la melancólica niña y le preguntó cariñosamentetocándole la
cara:
—¿Qué tienes que decirme, Chonchita?
La pobre Asunción, completamente abatida, no contestó nada; visto locual por su
amiga, tomó asiento al lado, y la instó con mucha vivezapara que le contase lo que la
ponía tan triste.
—Mira, Lola,—comenzó con voz temblorosa y casi imperceptible,—despuésque te
lo diga ya no me querrás.
Lola protestó con una mueca.
—No, no me querrás... Dame un beso ahora... Después que te lo diga, nome darás
ningún otro...
Lolita se manifestó sorprendida, pero le dio algunos besos sonoros.
—Mañana hace un mes que murió tu hermano Pepito... Yo sé que has tenidouna
convulsión por haber visto la caja... A mí no me han dejado ir a tucasa porque decían
que me iba a impresionar, pero toda la tarde la paséllorando... Luisa te lo puede
decir... Lloraba porque Pepito y yo éramosnovios... ¿no lo sabías?
—¡No!
—Pues lo éramos desde hacía dos meses. Me escribió una carta y me ladio un día al
entrar en tu casa: salió de un cuarto de repente, me ladio y echó a correr. Me decía
que desde la primera vez que me habíavisto le había gustado, que podríamos ser
novios si yo le quería, y queen concluyendo la carrera de abogado, que era la que
pensaba seguir, noscasaríamos. A mí me daba mucha vergüenza contestarle, pero
como a Luisale había escrito también Paco Núñez declarándose, yo por encargo de
ellale dije un día en el paseo: «Paco, de parte de Luisa, que sí», y a laotra vuelta Luisa
le dijo a Pepito: «Pepito, de parte de Asunción, quesí». Y quedamos novios. Los
domingos cuando bailábamos en tu casa o enla mía, me sacaba más veces que a las
demás, pero no se atrevía adecirme nada... A pesar de eso, una vez bailando, como
estaba triste yhablaba poco, le pregunté si estaba enfadado, y él me contestó: «Yo
nome enfado con nadie, y mucho menos contigo». Yo me puse colorada... y
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