Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Aguas Fuertes

—Me acuerdo que, cuando llegué a casa, mi madre me dio una paliza queme hubo
de matar... no sé por qué... Decía que para que me acordase biende aquel día... ¡Cómo
sino me acordase bien sin necesidad de lospalos!... Yo creo que estaba un poco
guillá... La pobrecita no tardódos meses tan siquiera en espichar... Desde entonces no
he faltaonunca a estos espetáculos. Todos los que han ajusticiado en Madrid
decuarenta años pa acá los he visto yo... menos tres o cuatro que nopude ver porque
estaba enfermo... Pero lo que le digo a V., caballero,es que ninguno..., y no es porque
fuese mi padre..., ninguno ha tenidotantos hígados pa morir como él...
La agitación de la muchedumbre continuaba en aumento. El caracoleo delos civiles
y los esfuerzos de los agentes apenas bastaban a contenerlay a impedir, sobre todo,
que turbase la marcha del carruaje.
El piquete de soldados que lo escoltaba tenía que estrecharse más de loque exige la
táctica, para poder caminar. Mi compañero me dijo con tonotriunfal:
—Oiga V., caballero; estos hombres se están matando para verlo y noconseguirán
nada; pero nosotros lo hemos de guipar todito y con muchacomodidad... No se separe
V. de mí... Iremos pegados a los faldones delos soldados, y llegaremos a debajo del
mismo tablao, sin mayorinconveniente... Hay que saber arreglárselas... De algo le han
de servira uno los años que tiene sobre el cogote... Vamos, no afloje V. elpaso...
Apriétese V. contra mí y déjese llevar... ¡Que se está V.separando, caballero!...
Agárrese V. a mi capa... ¿Qué es eso? ¿Se quedaV.?... Hombre, lo siento, porque no
va V. a ver nada... Vaya, adiós,caballero... adiós...
LA CONFESIÓN DE UN CRIMEN
En el vasto salón del Prado aún no había gente. Era temprano; las cincoy media
nada más. A falta de personas formales los niños tomabanposesión del paseo,
utilizándolo para los juegos del aro, de la cuerda,de la pelota, pío campo, escondite, y
otros no menos respetables, tanrespetables, por lo menos, y por de contado más
saludables, que los deel ajedrez, tresillo, ruleta y siete y media con que los hombres
sedivierten. Y si no temiera ofender las instituciones, me atrevería aponerlos en
parangón con los del salón de conferencias del Congreso y dela Bolsa, seguro de que
tampoco habían de desmerecer.
El sol aún seguía bañando una parte no insignificante del paseo. Loschiquillos
resaltaban sobre la arena como un enjambre de mosquitos enuna mesa de mármol. Las
niñeras, guardianas fieles de aquel rebaño, consus cofias blancas y rizadas, las trenzas
 
 
Remove