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Aguas Fuertes

quele caracteriza. El cortejo de nubecillas que le acompaña en suascensión, es de lo
más gracioso y elegante que pueda verse. Todas ellasvan vestidas de un modo
caprichoso y pintoresco, y ejecutan pasos degran dificultad y efecto en torno de su
director. Los madrileños, sinembargo, no son aficionados a esta clase de espectáculos.
Prefieren veralzarse a la luna, disfrazada de queso, en el escenario del TeatroReal,
oportunamente evocada por los trinos solemnes de unamezzo-soprano. Hay razón
plausible para esto. El sol tiene el deber desalir todos los días, haga frío o calor, al
paso que la luna únicamentecuando el Sr. Rovira lo considera oportuno. Si el sol no se
prodigasetanto y se hiciese pagar algo más, yo creo que tendría mucha
mayorreputación. Por ejemplo, haciendo tres o cuatro salidas cada año, yanunciando
los periódicos que «el más eminente de nuestros astros harásu debut el martes a
primera hora y que todas las localidades estánvendidas con anticipación», se me
ocurre que los revendedores de sillasen el Retiro harían negocio redondo.
Después del sol, lo más notable que yo encuentro en el Retiro son lasmodistas. Este
respetabilísimo gremio, aún más bello que respetable, sepone en contacto con la
naturaleza al llegar el mes de Junio.Impidiéndoles sus numerosos quehaceres ir a
pasar una temporada a SanSebastián o a Biarritz, y necesitando por fuerza dar alguna
expansión alos sentimientos poéticos de su alma, eligen nuestras hermosascostureras
el Retiro como campo de sus excursiones matinales. Losárboles, los pájaros, las
flores, cuando no son de papel, ofrecen sinduda mayores atractivos. Nada hay que
apetezca tanto una modista decorazón como el estado primitivo conforme con la
naturaleza. Durante elinvierno, su espíritu yace dormido mientras las manos trabajan
afanosasdebajo de la lámpara de petróleo; mas al llegar el mes de Mayo, cuandoel
cuerpo empieza a sentir calor, el alma también lo siente, despiertanla égloga y el
idilio, se sueña con verdes praderas esmaltadas deflores, con arroyos bullidores y
cristalinos, con grutas frescas ysombrías y con hermosos zagales que aguardan en
ellas la dulcerecompensa de sus rendidas instancias. Entonces la modista, como
primeramanifestación de la influencia que ejercen sobre ella tales puras ideasy tales
visiones risueñas, se despoja del corsé; y si es de temperamentoverdaderamente
apasionado y guarda en su corazón el mundo de tiernos einefables sentimientos que es
de esperar, se queda con poca, conpoquísima ropa. Se levanta muy tempranito, y sin
aguardar el landau,toma el camino del Retiro en compañía de sus amigas predilectas
y dealgunos menestrales distinguidos. ¡Qué fresca y qué risueña! ¡Cómobrillan sus
grandes y hermosos ojos negros! ¡Cómo palpita de alegría suseno delicado! El grupo
va dispuesto a olvidar por algunos instantes lasridículas ceremonias sociales, los
refinamientos empalagosos de la vidamadrileña, y volver en lo que cabe al estado
natural. Al efecto marchantodos bien provistos de los enseres y artefactos propios de
unacivilización primitiva y que se supone han usado más comúnmente
nuestrosprimeros padres: aros, cuerdas, trompos, volantes, etc., etc. Nuestramodista,
según va llegando a la Arcadia municipal, adquiere mayordesenvoltura, y en sus
movimientos y ademanes adviértese la influenciaque ejercen sobre ella las ideas
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