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Aguas Fuertes

elección empiezan a echarse a volar algunos nombressobre los cuales se levanta viva
e incesante discusión. Examínanse losantecedentes del candidato, estúdianse
detenidamente las fases de sutalento, aquilátanse sus méritos, y últimamente recae en
él la sentenciaque le eleva o le confunde, expresada siempre en estos
sacramentalestérminos: «Tiene talla» o «No tiene talla». Hay cabildeos
infinitos,combinaciones, arreglos amistosos, bruscos desabrimientos,transacciones, se
imprimen varias candidaturas (lo cual suele costardinero a las familias), se traen a la
palestra tarjetas del Presidentedel Consejo de ministros y del Cardenal Arzobispo de
Toledo, intervienenalgunas damas de la nobleza y se dan algunas bofetadas.
En cierta ocasión he asistido con un amigo a estas reñidas elecciones.Mi amigo no
se presentaba candidato, mas sin saber por qué ni cómo,quizá para dar en la cabeza a
algún ambicioso, lo cierto es que alefectuarse el escrutinio, mi amigo salió nombrado
presidente de lasección de derecho canónico. Su alegría y sorpresa fueron tan
grandes,que estuvo a punto de caer desmayado en mis brazos. Salimos del local, yen
la calle me abrazó repetidas veces, me habló de su porvenir y mecomunicó en secreto
que ahora pensaba dirigir sus tiros al puesto deSecretario, se enterneció refiriéndome
su primera y única aventuraamorosa, y concluyó por cantar a media voz la Marsellesa
(había sidoelegido por el elemento liberal de la corporación). Al tirar de lacampanilla
de su casa, y al preguntar la criada ¿quién es? exclamó fuerade sí: «¡Abre, muchacha,
que tienes a tu amo Presidente de la Academiade Jurisprudencia!»
¡Noble y gloriosa emulación la que se establece en esta ilustresociedad! ¡Qué
importa que esta emulación vaya manchada en algunos casospor el fango de las malas
pasiones! Las malas pasiones son un poderosoauxiliar en la carrera que la juventud de
la Academia ha emprendido, ocomo decía cierto subsecretario amigo mío, «en la
política es necesariotener algunas onzas de mala sangre.» Consuela y ensancha el
ánimo unespectáculo semejante. Los vergeles de la política española tienen unvivero
en la Academia de Jurisprudencia. De allí se trasplantan loscaballeros de Isabel la
Católica y los jefes superiores deadministración encargados de la gestión de nuestros
intereses.Actualmente existen ¡loado sea Dios! dentro de la respetable
Corporaciónque hemos tratado de describir a grandes rasgos, tres Venancios
Gonzálezen agraz, cinco Camachos y un Posada Herrera. Pueden dormir
tranquilos,pues, nuestros labradores, industriales y comerciantes. Si alguna vez seles
ocurre entrar en el número 22 de la calle de la Montera, cuartobajo, contemplarán con
lágrimas de enternecimiento un enjambre deinocentes y juguetones cachorrillos
adiestrándose para meterlos mañana uotro día en la cárcel cuando voten a un
candidato de oposición, impedirque se reúnan con sus amigos, y subirles
discretamente lascontribuciones.
EL HOMBRE
 
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