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Aguas Fuertes

con gran copia de datos yrazones, que la humanidad no es el coronamiento del
proceso animal, pormás que rechace igualmente la procedencia de una sola pareja.
Con estemotivo, examina las contradicciones entre la Biblia y la ciencia, yexpone
clara y sucintamente el modo de resolverlas. Pasa después alestudio de la pre-historia,
y rápidamente analiza las últimas teorías,declarándose franco y resuelto partidario de
la existencia del hombre enel terreno terciario.
«Ninguno más reservado y más cauto que yo (dice con solemnidad) cuandose trata
de aceptar una teoría peregrina sobre problemas tan oscuros einaccesibles, pero todo
el mundo está obligado a rendirse ante laevidencia. Mi esclarecido amigo el señor
Fernández ha tenido la fortunade encontrar este verano en una gruta de su provincia, e
incrustadaentre rocas de granito de carácter terciario, una taza...
(Fernández, levantándose a medias del asiento):—Una vinagrera.
Pérez:—Entendía que era una taza lo que había hallado su señoría;pero este cambio
corrobora aún mejor la doctrina que estoy exponiendo.La fabricación y el uso de esta
clase de artefactos, lo mismo de lastazas que de las vinagreras (singularmente de las
vinagreras) manifiestay declara la existencia del hombre en dicho terreno, y supone
además enél un cierto grado de cultura nada compatible en verdad con
elembrutecimiento a que lo condenan las teorías de la escuelamaterialista».
El orador da fin a su discurso con una historia tan concienzuda comobrillante del
derecho de propiedad.
Por indisposición del Sr. López, que era el encargado de contestar aldiscurso del Sr.
Pérez, se levanta a hablar el Sr. González. Es hombremás entrado en días que su
contrincante: representa bien unos doce años,y tiene fisonomía dulce, apacible y
ruborosa donde se refleja un almacreyente y sumisa.
«Todos nosotros reconocemos (comienza a decir con voz suave decontralto, muy
semejante a la de los niños de coro), y con nosotroscuantos siguen el movimiento
intelectual contemporáneo, todosreconocemos en mi ilustre amigo el Sr. Pérez una
erudición inmensadichosamente unida a una inteligencia poderosa y perspicua que
seapodera de las ideas y se enseñorea de ellas sometiéndolas a un análisisseguro y
minucioso, bien así como el águila cae de súbito sobre supresa, la coge entre sus
garras y asciende con ella por los espacios,arrastrándola a regiones desconocidas
donde con el ensangrentado pico seentretiene en explorar sus entrañas palpitantes...
(¡Bravo! ¡Bravo!Las miradas del público se fijan sobre Pérez, que en aquel momento
tomanotas).
«Pero ¡ah, señores! el eminente orador que me ha precedido en el uso dela palabra,
impulsado por su temperamento analítico, por la sed ardientede conocimientos que le
devora, abandona las consoladoras creencias delcristianismo, en que se ha educado, y
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