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Aguas Fuertes

llamarse «la Tomasa, la Adela, la Paz, la Asunción, etc.», alcruzar por su lado le
miran con soberano desdén: ninguno ha caído comoél en medroso despeñadero; todos
han venido a dar sobre algún milordcon un caballo.
En este moderno paseo se cita y emplaza la sociedad elegante en lastardes de
invierno, para gozar el inefable deleite de contemplarse unpar de horas, después de lo
cual se apresura a ir a comer y escapa a uñade caballo a contemplarse de nuevo en el
Real otras tres o cuatrohoritas. Parece una sociedad de derviches: el goce supremo es
lacontemplación. Hay hombre que se queda calvo, y defrauda al Estado, yarruina a
varias familias, solamente para que dos caballos le lleven atodas partes a contemplar a
otros hombres que también se han quedadocalvos y han defraudado al Estado y a los
particulares con el mismoobjeto. Los madrileños, mejor que ningún otro pueblo
antiguo o moderno,han llevado al refinamiento este goce exquisito: en las iglesias,
enlos teatros, en el paseo, en los salones, se apuran todos los medios decontemplarse
con más comodidad. Cuando viene el calor y es fuerza salirde Madrid y separarse,
entonces la sociedad vuela a las playas de SanSebastián, a fin de no perderse un
instante de vista.
De cinco a cinco y media de la tarde está el paseo en todo su esplendor;un millar de
coches se apiña en la no muy ancha carretera, de talsuerte, que no hay medio de
caminar por ella: a veces tardan en dar unasola vuelta más de hora y media, lo cual
constituye, como es fácil decomprender, el encanto de los que perennemente los
ocupan; de estaguisa, la contemplación es más fácil y más intensa. Las señoras
levantansuavemente las sombrillas para mirar por debajo de ellas a otrasseñoras, que
de igual manera dejan caer las suyas y pagan mirada pormirada. Hace ya muchos años
que se miran y llevan por cuenta losvestidos, los coches, los caballos, los queridos, las
pulseras, elcolorete y hasta los lunares que gastan; así que, ordinariamente, sehabla
muy poco: sólo de vez en cuando alguna dama comunica a sucompañera en voz baja y
estilo telegráfico ciertas observaciones de pocamonta:
—¿Has visto a Bermejillo?
—Sí.
—¿Va detrás de Enriqueta?
—Sí.
Y de nuevo guardan silencio.
—¿Has visto a la de Quintanar?
—Hasta ahora no.
—¿Y a la de Beleño?
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