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Gatsby
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ensuciéis unpoco la suela de los zapatos; porque el Retiro está hecho por Dios y
elAyuntamiento para nosotros, exclusivamente para nosotros los villanos.»
Mas he aquí que un día se les antoja a los bárbaros penetrar con suscarros, con sus
mujeres e hijas en nuestro delicioso campamento. Cayeronlos árboles más o menos
seculares, y sus hojas sirvieron de alfombra alos triunfadores. También nuestras
frentes humilladas les sirvieron dealfombra.
Y lo peor de todo es que, imitando la crueldad de los soldados deAlarico y Atila,
nos han llevado y nos llevan atados a su carro. Heconocido a un joven que luchó
valerosamente contra la invasión desde lascolumnas de La Correspondencia.
Recuerdo cierto suelto de su mano quedecía: «No es exacto que el Municipio trate de
abrir en el Retiro unpaseo para los carruajes.» Este suelto cayó como una bomba en el
campoenemigo, haciendo en él graves destrozos, y estuvo a punto de dejarfallidas sus
esperanzas. Pues bien; a este mismo joven le he vistodespués ignominiosamente atado
a la carretela de un bárbaro, que lellevaba a un paso muy superior a sus piernas. Y la
hija del bárbaro aúnparece que se reía de él.
Algunos refieren la historia del paseo de coches diciendo que a ciertocaballo inglés,
hastiado de tanto ir y venir a la Castellana, acometidodel spleen y en peligro
inminente de suicidarse, se le puso un díaentre las dos orejas el hollar los jardines
privilegiados; insinúa suextravagante deseo al amo, le da algunas razones, y
últimamente lepersuade a que interponga su influencia para que de allí en adelante
seextienda el privilegio de los bípedos a los caballos lucios y bieneducados. El amo,
que era regidor, lo propuso en concejo, y pronunciócon tal motivo un bello discurso,
donde expuso a la consideración delAyuntamiento los argumentos capitales que su
jaca le había insinuado.Armose el consiguiente motín, los bípedos se resistieron a
abandonar susfranquicias, acudieron a la prensa, dijeron que el echar árboles alsuelo
era propio de los pueblos primitivos, y que es muy fácil construiruna casa, pero que
un árbol nadie lo construye mas que la naturaleza;hablaron del hacha devastadora y se
autorizaron el dudar de lossentimientos poéticos de los concejales. A tales
afirmaciones contestóel potro inglés, por boca de su amo, diciendo, que no eran más
que«huecas declamaciones», y que cuando el paseo estuviese abierto yterminado, ya
se vería. Y en efecto, después se vio que el potro teníarazón. El paseo de coches, no
sólo no ha quitado belleza al Retiro, perole ha añadido cierto esplendor fastuoso que
antes no tenía; a cada cuallo suyo.
No está trazado en línea recta como el de la Castellana, porque no tienepor objeto
despertar en el vecindario ideas generales, sino que formauna curva graciosa y
bastante prolongada, que se extiende desde la Casade fieras hasta la estatua del Angel
caído, en torno de la cual giranlos carruajes al dar la vuelta; es un Luzbel doblado por
el espinazo, elcuello descoyuntado y los músculos tendidos, que parece un
artistaecuestre del circo de Price. Sus colegas de acá, otros ángeles caídosque suelen

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