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Adriana Zumarán

Al día siguiente, recordando esta visión, dudó si la había
soñado. Encualquier caso era un signo de la ansiedad que se
había apoderado de sualma ante la inminencia del gran amor.
XI
"He prometido a Muñoz una entrevista contigo. A tu casa no
puede niquiere ir, después de las incomprensibles actitudes
tuyas. Además, creoque pretende, con todo derecho, saber si en
realidad estás dispuesta acumplir o no con tu palabra. Si la
entrevista se realizara esta tarde,sería oportuno vinieras lo más
temprano posible. Así en seguida le hablopor teléfono a Muñoz.
No creas que me haya dado él la misión deconvencerte en su
favor, porque ni siquiera sabe que te reprocho tuinconsecuencia;
sólo me emplea en este caso, como sincerísima amiga suyaque
soy, para obtener una entrevista naturalmentedefinitiva.—
Charito".
Adriana leyó esta esquela y fue temprano, según los deseos de
Charito.Pero en seguida le pidió que no llamara a Muñoz. Se
sentía pocodispuesta para resolver tan grave asunto:
—Tú comprendes que yo empezaría por hablar alocadamente,
como la otravez, y toda reconciliación sería ya imposible,
porque se trata, segúncreo, de una entrevista "naturalmente
definitiva"...
—¡Decir—exclamó Charito—que las muchachas inteligentes
y lindas comotú están destinadas generalmente a casarse con
hombres de espírituvulgar! ¡Y tú también habías de perderte así,
por tontera, por falta dereflexión! Yo estoy segura de que a
Muñoz lo quieres en el fondo; nopodrías dejar de quererlo.
—¡Ah, en el fondo...!—repuso Adriana distraída.
 
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