Not a member?     Existing members login below:

Adriana Zumarán

Se avivó la expresión de desconfianza en la cara de Muñoz.
—No, no importa,—dijo apresuradamente Julio. Y
hundiéndose en elsillón, continuó, como abstraído:—Ninguna
mujer como la porteña, sueletener el alma tan lejos de su
apariencia, tan distraída de susactitudes, de las palabras que
dice, de su mismo carácter, tan recogida,por decirlo así, en una
oscura vida interior. Es profunda y pasiva comola mujer
oriental, pero sin duda con una espiritualidadincomparablemente
más fina, con más inteligencia y más significativaintimidad de
sentimientos. Todo lo que en la oriental es vago,
demasiadoconfundido con el instinto, se realiza
maravillosamente en nuestrasmujeres, sin salir aún de la
penumbra. No llega todavía su intimidad adesteñirse bajo la luz
violenta de la cultura uniformadora... ¿Habrásnotado que las
europeas cultas se parecen todas entre sí?... Hay, por lomenos,
un cierto tipo de mujeres porteñas que no hallarás reflejado
enninguna literatura y que te sugiere cosas indecibles. Acaso
algunasheroínas de Dostoiewski y de Tolstoi pudieran
considerarse como unaequivalencia. Pero son otra cosa. Si
vamos a la mujer de Francia, tanrefinada y que en algunos tipos
deliciosos llega a ser exteriormenteperfecta, ¿hay sin embargo,
entre todas las heroínas de sus grandesescritores realistas,
alguna que te sugestione por sí misma, por laexpresión de una
fisonomía interior inconfundible? Madame Bovary notiene sino
una personalidad artificiosa, producto casi material, pordecirlo
así, del ambiente, la época, las mil influencias que
Flaubertanaliza con sagacidad prodigiosa y que han absorbido
en realidad toda laespontaneidad de la mujer. Renée Mauperin,
de los Goncourt, otroproducto, otra mujer tan deliciosa como
generalizada y vulgar. Y esaMadame Martin de "Le Lys
Remove