Not a member?     Existing members login below:

Adriana Zumarán

desesperada, bestial, contra la oposición de los padres y
lacompleta indiferencia de ella; y un día se pone en acecho,
como unafiera; cuando ella sale, para hacer algún mandado, la
detiene. En lacrónica suelen mencionar todos estos detalles. La
requiere por últimavez, le exige una contestación definitiva;
luego, rápidamente, ledispara un balazo a boca de jarro, o
desnuda un cuchillo y se lo hundeferozmente en el corazón.
—Y la crónica,—dijo Julio—agrega casi siempre: "El
homicida volvióluego el arma contra sí mismo, ocasionándose
una herida, de cuyasresultas falleció minutos después". Pero
como tú dices, esa manera desentir y entender el amor pertenece
a seres en quienes la agitación delinstinto no se ve dominada por
la serenidad del espíritu.
—Pues bien,—replicó Muñoz—te aseguro que yo ahora suelo
sentir algoasí, hervir en mi naturaleza y en mi sangre el ansia del
crimen pasionaly subir esta ansia, brutalmente, hasta mi
corazón. Y sin embargo, yodesciendo de gente convencional,
ceremoniosa, acostumbrada a vivirdisimulando y reprimiendo
todo impulso antisocial. Pero ahora, te lojuro, ¡yo mataría, con
puñal, como un hombre del pueblo!
Julio, saliendo de su tranquilidad, repentinamente, puso una
mano sobrela muñeca de Muñoz y se la oprimió con un
movimiento nervioso:
—¿Estás seguro, en todo caso—le interrogó—de que le tienes
verdaderoamor? No, no me mires como si te preguntara algo
desatinado. Es que túno has pensado nunca en esto... Si
experimentas una angustia tan brutal,todo pasará y no te
quedarán después sino las cenizas...
—No te entiendo... no puedo entenderte.
Remove