Not a member?     Existing members login below:
FREE 1,250 eBook USB Library with each 550 AudioBooks Order. Click here

Adriana Zumarán

Subió Muñoz la escalera de la casa con emoción
indescriptible. Llegandoal vestíbulo, temió aparecer en el salón
sin el aplomo necesario. Sedetuvo. "Voy a verla dentro de un
instante", se dijo. Temblaba todoentero. De pronto le tocaron en
el hombro, y una voz conocida lemurmuró: "Hombre, tenía que
hablarte a propósito de aquello". Se volviócon brusquedad,
desagradablemente sorprendido: era Miguel Castilla.
—¿A propósito de qué?
—De la tonadillera; fui a verla.
Muñoz respondió con una evasiva, pidiéndole en seguida, muy
serio, quele dejara solo. El otro le miró perplejo.
—Estás realmente mal, porque venir a buscar soledad a los
recibos... nome explico.
Era Castilla un joven alto, afilado, rosado, ojos muy saltones
en lacara de ángulos finos y cabellos lisos sobre la cabeza
redonda. Se alejóde Muñoz, después de echarle una mirada de
soslayo; y entró en el gransalón iluminado, con el mismo
desembarazo elegante con que solíahacerlo en el cabaret o en el
club. Tuvo Muñoz un gesto de disgusto; lapresencia de Castilla,
allí, en casa de Charito, le produjo malestar.
Ella no había llegado todavía. Era capaz de no venir, de
habérseloprometido a Charito con la intención premeditada de
faltar. Pero la vozde Adriana, su límpida voz de suavidad
irresistible, resonó abajo, en laescalera. ¿Iba a tener fuerzas para
demostrarse con ella altivo y firme,de acuerdo con los términos
de la carta enviada por intermedio deRaquel? Y consideró que
se perdería definitivamente, en el espíritu deAdriana, si no era
capaz de aquella decidida entereza. Ella al entrar lemiró con
Remove