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Adriana Zumarán

—No, estás loca. ¡Y te has puesto pálida! No tengas miedo,
tonta.Después subimos. La miramos con cara de muy inocentes
y nunca llegará asospechar nada. Oye; yo la miraré así, bien en
los ojos; ¿se me conocealgo?
Y siguió leyendo:
"...me dominará la delicia de adorarlo. Tía lo ha invitado a
pasar unatemporada en la estancia, para el verano. El año pasado
estuve allí. Medistraje leyendo Ivanhoe y Romeo y Julieta y
pensando en lo quepodía guardar para mí el porvenir. ¡Qué idea
absurda la de Zoraida! Lavida es amor, nada más que amor".
"Ayer he cumplido quince años".
Carmen levantó los ojos pensativa: Yo pronto cumpliré
veintiuno y elgran amor no viene...
—Lee, por favor.
En las páginas que seguían, Laura contaba larga y
minuciosamente su amorcon José Luis. Lo más conmovedor
eran las interpretaciones que ellahacía respecto de cualquier
frase que le escuchaba; siempre Laura lesprestaba una
significación que no tenían, por embellecerlas y dejar
querecayera sobre él un mérito más alto.
Carmen se interrumpía, para comentar cada cosa del
manuscrito. PeroAdriana la apuraba con impaciencia,
angustiada; ya no hubiera podidoarrancarse a la ansiedad con
que devoraba los secretos de Laura. Eldiario, después de referir
las dolorosas consecuencias que tuvo laintervención de Zoraida,
aparecía con una página en blanco.
Luego se reanudaba, según la fecha, siete años más tarde.
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