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Adriana Zumarán

—Yo no puedo querer, ahí está toda la complicación, todo
loindescifrable. No busque otra causa. No es verdad que yo
quiera aotro...
—¡No es verdad que quiere a Julio!
—No, no, continuó ella cada vez más agitada. Si le dije que
quiero aotro ha sido... no sé, porque soy mala y necesito mentir
a cada paso.Durante toda mi vida mentiré. Soy una coqueta
vulgar. Engañar, para mí,ha venido a ser algo así como una
necesidad. No guarde sobre mí ningunailusión. ¡Habrá tantas
que puedan quererlo! Yo soy mala, he nacido yseré siempre
mala. La coquetería es algo más fuerte que mi voluntad. Talvez
Charito le haya dicho ya que soy incapaz de hacer feliz a un
hombre.
Se detuvo un momento, presa de una alteración cada vez más
visible, yllamó gritando a Charito. Esta y Lucía acudieron
asustadas.—Dime,Charito, ¿no es cierto que soy mala? ¿Te
parece que soy capaz de un amorrealmente puro, te parece que
soy capaz de constancia? Sé sincera,Charito, no te quedes
callada. Confiesa que yo no podría hacer la dichade un hombre
inteligente y bueno como Muñoz. Confiésalo, por favor.
Noquieres decirlo, pero te pones colorada. Sí, ya sé que por
lealtadamistosa le has ocultado esto que tú no puedes dejar de
pensar. Pero espreciso decir la verdad alguna vez. La verdad es
santa. Si yo a Muñoz nolo quiero es porque soy mala, perdida
para todo cariño verdadero. ¡Haytantas mejores que yo! Lucía
misma, sí, Lucía. A mí déjeme, no piensemás en mí,
abandóneme. No soy digna de que nadie, no, nadie, ponga
sucariño en mí.
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