Not a member?     Existing members login below:

Adriana Zumarán

—Tan luego tú, Charito,—dijo con acento amistoso—tú tan
seria, tanincapaz de una incorrección, darte cita con varios
muchachos. ¿Nocomprendes que nadie podrá creerlo?
—Lo creen y lo repetirá todo el mundo.
—Todavía de mí, que era una coqueta... que soy una coqueta...
Óyeme: note fastidies, nada te cuesta decir que todos esos
muchachos tenían lacita conmigo.
—Puedes estar segura que yo no cargaré con la culpa.
—¡Ah! pero tú misma, concluyó Adriana acariciándola, has
acabado porconvencerte de que fue una cita, y una cita con
varios. En todo caso losvarios éramos nosotras y el pobre Julio
era la sinvergüenza.
A Charito no la enfadaba tanto el chisme como el hecho de
que Adrianaesquivaba la entrevista con Muñoz y en cambio la
había obligado ahacerse amiga de Julio, a quien detestaba. En
realidad, Adriana ejercíasobre ella un gran dominio que nadie
hubiera sospechado al verlasjuntas, según Charito la censuraba y
le imponía consejos que eransiempre escuchados, aunque nunca
seguidos. Adriana, por el contrario,obtenía de ella, sin parecerlo,
todo lo que quería.
—Voy a proponerte algo, le dijo, para poner a prueba tu
amistad. ComoJulio a casa no va, ni quisiera yo que fuese, tú me
harás un gran favor.
—¿Pero no has conseguido acaso verte con él aquí, en casa?
¿Quieres unaprueba mayor?
—No te enojes, Charito querida, y escúchame... También lo
veo en casade las Aliaga y es allí donde empecé a quererlo, tú lo
Remove