servidumbre á la libertad están trazados concaractéres de sangre
en los fastos de todas las naciones, sin excluirlas mas ilustradas.
En Inglaterra, en Italia, en Francia, cuando elpueblo recuperaba
sus derechos, se entregaba á los mayores excesos, yreemplazaba
la tiranía de un solo, por la aun mas insoportable demuchos.
El cambio de las instituciones en Buenos Aires no hizo
estragos, á pesarde ser brusco: y si los que se apoderaron
despues de los destinos delpaís, se hubiesen conservado en la
senda que les señaló el voto de suscomitentes, muchas lágrimas
se ahorráran, y el aniversario del gran diade la Pátria se hubiera
celebrado siempre con igual entusiasmo.
Lo que mas se recomendó en aquellos dias de agitacion y
sorpresa, fué:"precaver toda division, radicar la confianza,
cimentar la union, notocar los extremos, &a"...Estos eran los
consejos que daba una autoridadprevisora,[2] y con los que simpatizó el pueblo, mientras estuvo bajo suinflujo. Pero estos
principios, que debian afianzar el órden y librar ála sociedad de
los embates de la anarquia, fueron calificados deanti-patrióticos,
como si el patriotismo consistiese en la exaltacion yel frenesí; y
los que los profesaban, no tardaron á ser el blanco de lasmas
torpes calumnias. Al espíritu de conservacion, sucedió el
desórden,y Buenos Aires tuvo tambien que lamentar sus
víctimas.
La nueva Junta se instaló con los mas felices auspicios, y á
egemplo delCabildo, inculcó tambien obediencia á las leyes,
respeto á losmagistrados, union entre todos, y (lo que mas honra
sus miembros)deferencia y veneracion á la persona del Virey,
"dispensándole lasconsideraciones correspondientes á su
carácter y al distinguidopatriotismo con que, en favor de este
país, se ha ofrecido á repetir encualquier destino sus importantes
