Un pueblo oprimido, que sacude con dignidsus cadenas,
respetando losúltimos mandatarios de un poder expirante,
presenta un fenómeno, talvezúnico, en la série de los grandes
acontecimientos que han conmovido elmundo.
Las agresiones y los tumultos, que suelen ser los precursores
de estasmudanzas, no prepararon la que se efectuó en Buenos
Aires en los últimosdias de Mayo de 1810. El virey Cisneros, en
el pleno egercicio de suautoridad, manifestó los desastres de la
península, y el peligro en quese hallaba la nacion española de
perder su libertad é independencia.Desesperando de la
conservacion de la monarquia, invocó voluntariamenteel auxilio
de un cuerpo deliberante, al que debian concurrir
losrepresentantes de la ciudad y de las provincias del vireinato,
paraestablecer una representacion de la soberanía del Señor D.
En un pueblo turbulento é indócil, este solo anuncio hubiera
producidoun alboroto, y arrastrado el país al borde de un
abismo. Pero la buenaíndole de sus habitantes, y la prudencia
del Cabildo, les hicieronmarchar con acierto en una senda nueva
y peligrosa. Los miembros de estailustre corporacion, que
hubieran podido asumir un poder que casi abdicóel Virey, le
rodearon de consideraciones, y se mantuvieron en
sudependencia, hasta que el pueblo, legalmente convocado, se
decidió áreemplazarle por otra autoridad, que aunque bien
definida en losprimeros comicios, sufrió notables
modificaciones en los subsiguientes.
Las actas de estas asambleas, en que el pueblo tomó por
primera vez laactitud de un soberano, atestiguan su noble y
juiciosa comportacion.¡Cuan pocos monumentos de esta clase
nos ofrece la história! Estostránsitos repentinos de la
