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A Vuela Pluma Colección de Artículos Literarios y Políticos

expreso lo que en él se expresa; pero conmigo lopiensan y lo sienten muchos miles de
semejantes y de compatriotas míos.Por donde mi libro deja de ser insignificante, se
transforma en docenteó en documental y merece ser publicado y hasta leído. Creo, por
último,que, si al escribirle he desechado toda preocupación interesada y le heescrito
con buena fe, candorosa y sencilla, alguien me leerá con gusto,si no con provecho, y
esto me basta.
DISONANCIAS Y ARMONÍAS
DE LA MORAL Y DE LA ESTÉTICA
——
I
Al Sr. D. Salvador Riada.
MI querido amigo: Mucho siento tener que decir á usted que Monte-Cristo,que oye
turbio y que, además, suele distraerse, hubo de engañarse, y talvez engañó á usted, sin
la menor malicia, cuando le aseguró que me habíaparecido muy bien el Himno á la
carne. Ni bien ni mal podía parecermeuna obra que yo aún no conocía. Acaso al
hablarme Monte-Cristo, yo, quetambién me distraigo, dije algo, como acostumbro, en
alabanza deltalento poético de usted, que tan claro me parece, y él lo aplicó alHimno
de que me hablaba, y que yo no podía alabar por serme entoncesdesconocido.
Ahora, que ya le conozco, creo de mi deber dar á usted con todasinceridad y
franqueza la opinión que me pide.
Muchísimo hay que decir, y he de decirlo, aunque incurra en la nota depesado.
No obstante la pesadez y el desaliño con que irá escrita mi carta, yoconsiento en
que usted haga de ella lo que guste: ó guardarla para sí, órasgarla, ó dejar que el
público la lea.
Desde luego el título de Himno me desagrada. Un himno es un himno, ycatorce
sonetos son catorce sonetos. Además, el ir dirigidos á lacarne presupone cierta
trascendencia teológica ó filosófica que lossonetos apenas tienen.
Los enemigos del alma son tres: mundo, demonio y carne. Y fuerza esconfesar que
todos los hombres, salvo raras y dichosas excepciones,estamos empecatadillos y
 
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